Recursos

Partir del propósito formativo y de desarrollo

Una iniciativa bien planteada explica con transparencia a los participantes las razones de la consulta y qué sucederá una vez emitido el informe. Utilice estas pautas para guiar el proceso.

Seleccionar conductas directamente observables

Resulta mucho más sencillo emitir una valoración cuando las preguntas describen situaciones concretas presenciadas en el trabajo cotidiano. Formule preguntas basadas en hechos y conductas tangibles más que en juicios abstractos. Habilite siempre la opción «No he tenido oportunidad de observar esto» para evitar respuestas forzadas.

Explicar las garantías de confidencialidad desde el inicio

Informe a los participantes de qué aportaciones son anónimas y cuáles nominales, quién podrá consultar las conclusiones y qué medidas se adoptan si el número de respuestas es bajo. Explique estas normas con un lenguaje claro y comprensible.

Reservar un espacio adecuado para la sesión de devolución (debriefing)

Analice las fortalezas demostradas con el mismo interés que las áreas de mejora. Considere las diferencias de percepción entre colectivos como una oportunidad de diálogo y no como una prueba de que un grupo tiene más razón que otro. Evite cualquier intento de indagar quién redactó un comentario anónimo.

Elegir un plan de acción directamente aplicable

Oriente el esfuerzo hacia una meta que el profesional pueda ejercitar en su actividad diaria. Defina con claridad la conducta a entrenar, una fecha límite e hitos parciales. Mantenga la meta vinculada a la conclusión del informe que la originó.

Realizar el seguimiento con una Revisión de progreso

Conceda al profesional tiempo para poner en práctica las conductas y, posteriormente, pregunte a sus compañeros sobre las habilidades específicas trabajadas. Tenga presentes posibles ajustes en las preguntas o en los evaluadores para interpretar adecuadamente la evolución.

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